Muchas empresas tienen un ERP que funciona a medias. Se factura, se cobra, pero hay tareas que siguen saliendo por fuera y nadie sabe bien por qué. Estas son las señales más comunes de que el problema está en la configuración y no en el sistema.
1. Hay planillas paralelas
Si tesorería lleva su propio control de cheques o ventas arma el reporte de comisiones en Excel, el sistema no está resolviendo algo que debería. Cada planilla paralela es un circuito que quedó afuera.
2. El cierre de mes se estira
Un cierre que tarda días suele esconder asientos que se corrigen a mano, conciliaciones bancarias pendientes o comprobantes que se cargan tarde porque el circuito no está claro.
3. Los impuestos se corrigen a mano
Percepciones que no se calculan, retenciones que hay que ajustar o el Libro IVA Digital que no cierra con la contabilidad. Casi siempre es parametrización: alícuotas, padrones o condiciones fiscales mal cargadas.
4. Los permisos no tienen sentido
Usuarios que pueden anular facturas sin necesitarlo, o que no pueden hacer su trabajo sin pedirle la clave a otro. Además de incómodo, es un riesgo de control.
5. Nadie usa los reportes
Si la dirección pide la información por mail en lugar de mirarla en el sistema, los reportes no muestran lo que necesita o los datos no son confiables.
Qué hacer
El primer paso es un diagnóstico: revisar la configuración, los desarrollos y los datos, y ordenar lo que hay que corregir por impacto. Lo urgente se resuelve primero y el resto entra en un plan, sin necesidad de volver a implementar desde cero.